El olfato del emprendedor

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No, definitivamente no. Esto no se trata de olisquear la entrepierna de nuestros clientes (aunque a estas alturas poco nos falta) sino de saber dónde están las mejores oportunidades para nuestro negocio, dónde están nuestros posibles clientes, aprovechar las oportunidades que se nos presentan y que pueden aparecer mientras hacemos la compra, paseamos al perro o andamos por la calle.

El “olfato del emprendedor” se desarrolla con el tiempo, con la mente abierta y con humildad. La humildad que hace falta para reconocer que nos podemos equivocar (yo lo reconozco, me he equivocado en multitud de ocasiones) y aprender de los errores que cometemos.

Saber, por ejemplo que esa tal o cual visita no va a ser productiva, que esa reunión está yendo por mal camino o que esa llamada de teléfono que estamos postergando nos puede dar el éxito que estamos buscando.

Otros componentes del “olfato del emprendedor” a parte de la experiencia, son la planificación y la intuición / inventiva. La primera sirve para arrancar, para tener por lo menos claro aquello que no vamos a hacer por haber resultado inútil en el pasado, pero la segunda, OOOHHH, la segunda… es fundamental para dar energía a nuestro negocio, para guiarnos por el buen camino empresarial (y también personal) y llevarnos a realizar las cosas que sintamos y que queramos hacer en nuestro negocio, a crear, investigar y a hornear algo que tenga un buen olor.

Ese “olfato del emprendedor” nos lleva a las personas indicadas, y nos aleja de aquellas que quieren introducir (por decirlo finamente) la mano en nuestro bolsillo con la promesa de ganancias fáciles. Así que agudice su “olfato del emprendedor” no vaya a ser que se la “den con queso” y que este sea roquefort, y usted no se entere.

    David Rodríguez
Twitter: @DavidrGEH
Gestión Empresarial Humana

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